Acompañandole…acompañandonos

A las 22:50 de la noche bautizamos a Álvaro en su incubadora y a las 23:00 le sacaron de la misma (aún con sus medicamentos puestos) para que pudieramos cogerle, abrazarle, tocarle, besarle, olerle y tenerle piel con piel hasta la 1:20 de la noche (del ya fatídico 9 de Noviembre) hora en la que decidió partir.

Teníamos que acompañarle en esos momentos porque era muy triste y frío partir solito en una incubadora.

Yo le tuve al principio como la primera hora y media, y la aproveché para disfrutar de momentos que sabía que por desgracia no iban a repetirse: notar su calor, sentirle, amarle más si eso era posible…sus constantes poco a poco iban bajando, se iba relajando y dejándose llevar.

He de reconocer que en esa hora y media no perdí la esperanza de que el amor de una madre, el calor del piel con piel, el sentirse arropado por su mami, hiciera que se estabilizara (¡los milagros existen!) y mi marido confesó que también albergaba la misma esperanza, pero esta vez no fue así.

Aprovechamos para hacernos fotos con él, plasmar la huella de su pie en papel, y la familia que ya había llegado al hospital pasaba a vernos de vez en cuando a ver que tal ibamos.

Recuerdo que en esa hora y media no lloré nada (y mira que había llorado desde aquel 15 de Septiembre, como para llenar un río) solo disfruté de tener a mi hijo en brazos y sentirle; serenidad, calma y amor era lo que mejor podía darle en esos momentos y decirle a todo al que entraba en la UCIN que mirara que bonito era mi bebé.

Sobre las 12 y media de la noche le pasé el niño a su padre que también debía despedirse. El papá tenía derecho a sentir y aprovechar todo lo  que yo ya había sentido y experimentado y que por desgracia iba a ser su única ocasión.

Finalmente a la 1:20 de la madrugada del 9 de Noviembre de 2016 en el pecho de su padre con una tranquilidad pasmosa, nuestro Álvaro nos dejó, mi marido supo exactamente el momento en que lo hacía y me lo hizo saber y ahí ya sí que no pude reprimir las lágrimas por más tiempo.

Nuestros sueños y esperanzas se fueron con él…

Estelita

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3 comentarios

  1. Estela, después de todos estos meses creí que había superado mis emociones, pero no ha sido así, lo he tenido que leer con varias interrupciones…..
    Tuve la suerte de conocerlo, y por ello ocupa un espacio en mi corazón, ¡¡QUÉ GUAPO ERA!!…
    SE llevó mucho amor de todos los que estuvimos allí y sobre todo de sus padres….
    Nos dejó, sí… físicamente, pero seguirá estando presente en nuestros corazones, “Por siempre”….
    Os quiero….

  2. Ay Estela! Jamás una despedida fue tan dura y triste, larga vida a vuestra estrella, Alvaro fue un luchador y brillará por siempre con esa fortaleza. Gracias por compartir su historia y vuestros momentos, únicos e irrepetibles. Besitos al cielo. La mamá de Enzo.

  3. No puedo leerte sin llorar a mares. Es duro para toda persona q tenga sensibilidad, Pero para los q lo hemos vivido, es revivirlo y empatizar hasta ponerse en vuestra piel. La gente puede pensa, q soy pesada y que debería olvidar algo q me duele tanto. Pero no pienso hacerlo. Llorar a mi hijo añorale, recordarle y soñarlle, es lo único q puedo hacer por él. Si no lo hago yo, quién lo hará. Quién le dirá al mundo q mi hijo estuvo aquí, q él debía estar aquí.
    Ánimo Estela, quien os diga q pasa, os engaña, no pasa. Pero se aprende a vivir con ello. Y a saber q nosotros tenemos una Estrella en la pensar y con la que hablar a diario.
    Se acercan fechas más duras aun. Casi compartimos fechas, pero se sale. Se sale fuerte, aunque infinitamente más sensible.

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